Pasé 3 días en Dubái y 10 razones por las que no quiero volver...

Visité los Emiratos por primera vez hace doce años. Alquilamos un coche y recorrimos el país de principio a fin: desde la rica Abu Dabi hasta la sencilla pero increíblemente acogedora Fujairah. Me gustaron especialmente los lugares con menos turistas: el mercado de camellos, los pequeños pueblos, las calles donde se puede apreciar más la vida real. Ese viaje fue a la vez educativo y "real".
Hace poco, cuando volaba a Sharm el-Sheikh, la escala duró 19 horas. Decidí cambiar de avión y tomar un vuelo de conexión en lugar de dar vueltas, así que hice escala en Dubái durante tres días. Fue interesante ver cuánto ha cambiado la ciudad. Pero... llegué a una conclusión inesperada: no tengo ningún deseo de volver allí en los próximos diez años.
Esta es la razón.
1) Caro, pero no agradable
Una entrada al oceanario cuesta unos 5 mil rublos por persona. Para cuatro, 20 mil. Lo mismo ocurre con lugares como la noria, el "Museo del Futuro"... El precio es alto, pero la experiencia es normalita. Por ese dinero, puedes ir a un acuario más grande en Moscú, mientras que en Dubái el túnel es corto, hay pocos peces y la sensación de "wow" desaparece rápidamente. Además, no existe un "paquete completo": barco, buceo, zona de pingüinos; todo se paga aparte.
En Dubái, a veces tienes la sensación de que "aunque estornudes, te darán un cheque". Lo peor es que, aunque pagues, no siempre te llevas una impresión única. Hermoso, limpio, pero sin alma.
2) Multitudes por todas partes
El metro, los centros comerciales y los paseos marítimos son un mar de gente. Multitudes en la playa, colas para el ascensor, ruido en la cafetería. Es difícil ver el espectáculo de las fuentes con tranquilidad: teléfonos, linternas, palos de selfie por todas partes.
3) Calor y tormentas de arena
El clima de Dubái es una "expectativa" aparte. Sol por la mañana, luego polvo, el cielo se nubla, sientes arena en la boca. Se hace difícil respirar, caminar es un desafío. Y dentro, el aire acondicionado hace tanto frío que a veces quieres ponerte una chaqueta.
4) Los precios de los restaurantes son una lotería
Me encanta la cocina libanesa. El primer sitio al que fui era sencillo, pero animado y sabroso, unos 40 dólares para 4 personas, muy normal. Luego, el segundo restaurante: parecía "sencillo", pero la cuenta por dos botellas de agua sin gas era de 48 dírhams, ¡casi mil rublos! La cuenta para siete personas es de unos 22 mil rublos. El problema no es la cantidad en sí, sino el precio, que es impredecible. No se sabe de dónde saldrá el "cheque sorpresa".
5) Hostilidad y sequedad
Dubái es como una ciudad que no se centra en el "qué" sino en "cómo se ve". Todo es brillante, liso, perfecto. Pero está vacío por dentro. Es como si cada rincón estuviera construido no para la vida, sino para el marco.
6) Hay poco sentido de la cultura e historia árabe
Fuimos al casco antiguo de la ciudad. Antes era interesante pasear por allí, ver casas antiguas y entrar en tiendas con olor a especias. Ahora es más un mercado de recuerdos: imanes, cajas, artículos "para turistas". Parece que las casas con torres de viento son todo lo que queda del "espíritu árabe", y la mayoría de los vendedores son de otros países.
7) Las playas tampoco salvaron
Esperaba "al menos el mar". Pero los camellos en la playa, los catamaranes de plástico, los trampolines, los plátanos... me recuerdan a Anapa/Gelendzhik, solo que diez veces más caros. Antes, las playas eran más tranquilas; ahora son ruidosas, con atracciones y multitudes.
8) A juzgar por la apariencia
Después de hacer trekking en Nepal, llegué con ropa informal: camiseta, pantalones de trekking, sin maquillaje. Cuando fui a la tienda a comprar crema, el vendedor me "juzgó" y rápidamente perdió el interés: no tenía marca, así que tampoco eres "interesante". En muchos lugares de Dubái, existe la sensación de que se juzga a la gente no por su apariencia, sino por su físico.
9) Todo es por dinero
Casi todas las actividades se basan en el principio de "pago por entrada". Incluso en museos y parques, la sensación de que el sistema no está diseñado "para la gente", sino para la monetización, persiste. Hermoso, pero artificial.
10) Sin vida
La sensación más intensa fue esta: todo funciona a la perfección, hay orden, hay luz, pero no hay un ambiente de ciudad animada. La gente tiene prisa, los turistas toman fotos, los coches circulan, pero hay poca calidez humana.
Quizás no sea solo Dubái. Simplemente me gustan los lugares con menos patetismo y más vida. Quizás algún día vuelva, si necesito escaparates más brillantes. Pero por ahora, dejaré Dubái en el pasado: iré a un lugar con menos pretensiones y más sinceridad.
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