Neurobiólogos refutan el mito de la disminución de la atención humana en la era digital

La idea de que los teléfonos inteligentes e Internet han reducido irreversiblemente la capacidad de concentración humana en el mundo moderno no ha sido confirmada científicamente. Estudios a gran escala con más de 21.000 personas de 32 países demostraron que los indicadores de estabilidad cognitiva de los niños no han cambiado, mientras que en los adultos se ha observado incluso un ligero aumento. Los expertos de la University of Chicago y la UCL creen que los mecanismos biológicos del cerebro no se han degradado, sino que el entorno externo incita constantemente a las personas a distraerse. Así lo informa Ixbt.com .
El famoso informe de Microsoft de 2015 que afirmaba que la capacidad de atención humana se había vuelto más corta que la de un pez dorado fue calificado por los expertos como un mito de marketing. En realidad, el problema no reside en las capacidades del cerebro, sino en la dinámica de su uso. Según las observaciones de la psicóloga Gloria Mark de la University of California, Irvine, los empleados de oficina se concentraban en una tarea durante un promedio de 2,5 minutos a principios de la década de 2000, una cifra que cayó a 47 segundos en la década de 2020.
Las investigaciones de Nilli Lavie muestran que la capacidad de resistir las distracciones está relacionada con el volumen de materia gris en la corteza prefrontal del cerebro. La atención funciona como un músculo: cambiar constantemente de tarea debilita el control ejecutivo, mientras que la práctica de la concentración profunda lo fortalece. El "déficit de atención" observado actualmente no es una patología médica, sino el resultado del impulso del cerebro por obtener dopamina rápida.
El neurobiólogo Michael Esterman señala que las redes sociales y las notificaciones son objetivos más atractivos para el cerebro que las tareas complejas. Las personas a menudo se han acostumbrado a distraerse incluso sin señales externas. Sin embargo, los análisis mediante fMRI confirman que la capacidad fundamental de concentración del cerebro se mantiene intacta y es un recurso restaurable.
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