El telescopio espacial James Webb captura el ciclo completo del nacimiento de estrellas en la nebulosa de Orión

El telescopio espacial James Webb captura el ciclo completo del nacimiento de estrellas en la nebulosa de Orión

El telescopio espacial James Webb, continuando la exploración de los secretos del universo, ha transmitido imágenes impresionantes de la parte norte del complejo Orion A, situado a unos 1280 años luz de la Tierra. Esta región, conocida en el mundo científico como la nube molecular OMC-2, permite estudiar el proceso de formación estelar en los detalles más mínimos. Así lo informa Ixbt.com.

La nueva imagen abarca una vasta zona de aproximadamente 150 años luz. En ella se reflejan todas las etapas de la evolución estelar: desde los primeros cúmulos de gas y polvo hasta estrellas jóvenes ya formadas que emiten su propia energía. Para los astrónomos, es una oportunidad única de observar los procesos de «maternidad» cósmica.

Secretos tras el polvo interestelar

En el centro de la imagen se encuentran protoestrellas acumulando activamente materia a través de discos de acreción. También se pueden observar objetos relativamente maduros que han dispersado las capas de gas densas circundantes. Los diferentes colores de la imagen indican variaciones en la temperatura y composición de las nubes de gas y polvo.

Estos datos, obtenidos mediante la Near Infrared Camera (NIRCam) del telescopio James Webb, han revelado capas que los telescopios ópticos ordinarios no pueden ver. La radiación infrarroja es capaz de atravesar la densa cortina de polvo para registrar los procesos ocultos. Según la publicación ixbt.com, los tonos azules y verdes representan capas de gas, mientras que las zonas rojizas indican potentes ondas de choque.

Jets cósmicos y ondas de choque

Uno de los aspectos más destacados de la imagen son los enormes flujos de gas o jets que salen disparados desde los polos de las estrellas jóvenes. Estos flujos chocan a alta velocidad con las nubes circundantes, creando ondas de choque que hacen que la materia brille en color rojo.

Precisamente estos jets ayudan a los astrónomos a localizar los objetos más jóvenes y profundamente ocultos, ya que no pueden verse por ningún otro medio. Los científicos señalan que la región OMC-2 actúa como un laboratorio natural para estudiar el impacto de los desechos de estrellas jóvenes en el entorno.

A través de estos datos, los investigadores analizan cómo se forma la composición química de los discos protoplanetarios y cómo las estrellas en crecimiento se alimentan de su nube madre. La relativa cercanía astronómica de la nebulosa de Orión permite investigar detalladamente procesos similares ocultos por el polvo en otros extremos de nuestra galaxia.

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